lunes, 11 de mayo de 2026

Más que cosechas

Te has preguntado de ¿Dónde provienen las frutas y verduras de las cuales nos alimentamos? 
 
Pues todo empieza en el campo. Gracias a la agricultura, que es el motor de la producción de materias primas, alimentos y forrajes, las necesidades humanas se cubren en el día a día.

Mujer campesina con su nieto preparando el suelo (retirando piedras) para su próximo ciclo.
 
Esta producción se lleva a término por un grupo de personas, con gran trabajo, que no se reconoce como se debe: los pequeños y grandes productores agrícolas. En México, más del 50 % de las unidades de producción son de pequeños productores (con menos de cinco hectáreas, de acuerdo con el DOF, 2019); la gran mayoría (76 %) tiene tierras de temporal. Pero la denominación de pequeños productores es un poco engañosa, ya que este sector produce cerca del 40% de los alimentos del país y emplea aproximadamente el 60% de la mano de obra agrícola (INEGI, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2024).

Entonces, es importante reconocer la envergadura de los pequeños productores. 
 
En años recientes, el gobierno de México impulsó una iniciativa para transformar la producción convencional (con agroquímicos) hacia una producción sostenible, disminuyendo y, a largo plazo, eliminando el uso de agroquímicos. De esta manera se está impulsando un cambio de la agricultura convencional a la agroecológica. La asistencia técnica está dirigida especialmente a los pequeños productores con capacitaciones técnicas sobre la adopción de prácticas agroecológicas, como la producción de bioinsumos

La transición agroecológica se considera un gran reto en México, ya que implica un cambio de paradigma, modificando creencias y métodos que rigen la agricultura convencional, en la que se ve al campo como una fábrica de producción. Se pretende cambiar a percibirlo como un gran ecosistema, tal que los factores bióticos y abióticos converjan para obtener un máximo rendimiento sin afectar la salud del campo. Además, se busca transformar el sistema agroalimentario industrializado en uno más sostenible, justo y saludable. 

La agroecología permite un cambio sistémico que integra los conocimientos tradicionales indígenas con la ciencia moderna. Algunos de los elementos principales de la agroecología son:
  • Diversidad. Conservar y proteger los recursos naturales es fundamental para promover la diversificación y garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición. Sirve también para reducir las pérdidas en caso de clima adverso o de la incidencia de plagas y enfermedades: la meta es no "poner todos los huevos en una sola canasta". Entonces, se mantiene o propicia la máxima diversificación del agroecosistema.
  • Intercambio de conocimientos. El conocimiento tradicional, las prácticas empíricas de las comunidades campesinas y la identidad cultural corren el riesgo de ser olvidados si no se les brinda atención y reconocimiento. Las semillas nativas (por ejemplo, las 64 razas de maíz nativo) proporcionan la base del conocimiento tradicional y prácticas ancestrales como una forma de protección de la biodiversidad genética.
  • Reciclaje. Reciclar más implica menores costos ambientales. Mantiene un flujo de nutrientes al cerrar los ciclos del agua, de la materia orgánica y los nutrientes.
En las comunidades rurales de México se están profundizando el conocimiento y las prácticas tradicionales. Éstas se conjuntan en las escuelas de campo (ECAs), un modelo que tiene su origen en Indonesia. Fueron creadas por la FAO para mitigar la crisis arrocera e implementar el manejo integral de plagas. Ese modelo fue traído a Centroamérica y a México en el año 2000. En un principio solo se establecieron en los estados de Chiapas y Veracruz, pero luego se extendieron al resto del país. Las ECAs no son solo centros de capacitación técnica; son espacios donde el aprendizaje se da de forma horizontal: hay un intercambio de conocimientos mutuo sin jerarquías. Se conjuntan la ciencia moderna y el conocimiento empírico.

Escuela de campo "El Pinal" en Santa Isabel Tepetzala Acajete, Puebla

Escuela de campo "Nenetzintla" en Santa María Nenetzintla Acajete, Puebla.

Actualmente existen escuelas de campo dedicadas a pequeños productores, donde se brinda un espacio para el intercambio entre saberes campesinos y el conocimiento técnico sobre prácticas agroecológicas.
 
Grupo de pequeños productores 
participando en una práctica de 
bioinsumo

Los bioinsumos o prácticas que se desarrollan en las escuelas de campo son los siguientes:

1.- Agua carbonatada: se emplea en las hojas de las plantas con el objetivo de generar un pH alcalino para inhibir el crecimiento de hongos.

2.- Agua de vidrio: es una preparación de cenizas vegetales, cal hidratada y agua, con un pH alcalino elevado, que aporta protección física y química y aumenta la respuesta inmunológica de la planta ante enfermedades, plagas y estrés climático.   

3.- Supermagro: es un biofertilizante que se prepara con estiércol de vaca, melaza, leche, ceniza vegetal y agua, y puede aplicarse en cualquier etapa fenológica de la planta; aumenta el tamaño de las hojas y fortalece el desarrollo de la radícula.
 
4.- Caldo bordelés: es un fungicida y bactericida compuesto por sulfato de cobre, cal hidratada y agua. Se emplea, además de lo anterior, como control fitosanitario, cicatrizante y repelente de insectos, aunque tiene algunas desventajas, como la acumulación de cobre en el suelo. 

5.- Caldo sulfocalcico: es un bioinsumo elaborado con azufre y cal viva en agua; su principal función es combatir ácaros, hongos e insectos, así como enfermedades; igualmente, tiene algunos limitantes.

6.- Té de composta: en este caso, se obtienen microorganismos benéficos de la composta mediante aireación y fermentación, además de incrementar la microbiota del suelo, lo que ayuda a la fijación y absorción de nutrientes como el nitrógeno y fortalece la defensa inmunulógica de las plantas.
   
7.- Solución Steiner: es una mezcla que contiene nutrientes, aminoácidos y humus líquido; su función principal es nutrir a la planta o los cultivos. Promueve el crecimiento vegetativo por medio de aminoácidos y ácidos carboxílicos.     

8.- Elaboración de bocashi: es un abono sólido que se fabrica por medio de fermentación aeróbica; se usan estiércol seco, rastrojo, tierra, carbón vegetal, harina de roca, levadura y melaza. Su función principal es estimular la microbiota del suelo de cultivo; aporta nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, y ayuda a retener humedad en el suelo. 

9.- Composta: es el producto de la biodegradación de material orgánico usando microorganismos en condiciones aeróbicas (en presencia de oxígeno) hasta obtener un material seco, ya degradado. Se ocupa para mejorar la calidad nutricional de los suelos del cultivo, retener la humedad, disminuir la erosión y fortalecer el sistema inmunológico de las plantas.

10.- Extractos de plantas: como su nombre indica, se obtienen de los vegetales, se maceran y se fermentan. Se utilizan para el control fitosanitario (plagas y enfermedades); ayudan al desarrollo vegetativo (raíces, hojas, flores y frutos).

11.- Recubrimiento de semillas: cubrir las semillas con una capa cerosa que les brinda protección contra enfermedades, las fortalece y mejora su germinación. 
 
Notas de la práctica de inoculación de semilla con 
diferentes tratamientos

12.- Trampas de feromonas sexuales: se utilizan para atraer y capturar insectos y así evitar la migración y propagación intensiva de plagas en los cultivos.

13.- Microorganismos de montañas: son inóculos de lugares no intervenidos, como bosques y montañas, con alta densidad microbiana (hongos, bacterias y actinomicetos benéficos). Funcionan para mejorar el suelo con microorganismos y desplazar a los patógenos, acelerar la descomposición de la materia orgánica, facilitar la asimilación de nutrientes y controlar plagas y enfermedades en los cultivos.
Productores preparando microorganismos de montaña de la ECA
"Acajete-Tepetzala" en Acajete, Puebla
.
 

Productores participando en la práctica de
microorganismos de montaña de la ECA "Nueva vida"
 en San Agustín Tlaxco Acajete, Puebla.


14.- Humus de lombriz y 15.- Lixiviado de lombriz: se refieren a la descomposición del material orgánico mediante la digestión de lombrices (roja californiana) y microorganismos; el resultado es un biofertilizante que regenera el suelo, integrando material y microbiota benéfica, corrige las propiedades fisicoquímicas e inhibe el crecimiento patógeno de microorganismos. 

16.- Microorganismos específicos: es la reproducción de microorganismos (hongos y bacterias)  benéficos en biorreactores (sistemas controlados con oxigenación y nutrientes para el crecimiento de la población microbiana). Los objetivos del empleo de estos microorganismos son mejorar la fertilidad del suelo, resistir cambios en la temperatura, conservar la humedad del suelo y potenciar el cultivo.  

Todas estás practicas tienen como objetivos esenciales aumentar el rendimiento de los cultivos sin causar problemas de contaminación en el suelo, restauración del agroecosistema, mitigar el cambio climático, mejorar la alimentación entre otros beneficios para la sociedad.  

Para leer más
 
En cuexcomate:

Referencias
 
INEGI, Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2024). Censo agropecuario 2022. Comunicado de prensa número 397/24 2 de junio de 2024. Pp: 1-9.

Diario Oficial de la Federación. (2019). Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Lineamientos para la operación del programa Producción para el Bienestar ejercicio fiscal 2019.
 
De Claudia Barranco 

lunes, 4 de mayo de 2026

¡Tierra que se pierde, maíz que no florece!

¡El suelo respira, tiene memoria, se transforma, el suelo está vivo! 
 
Este bien natural cumple muchas funciones en el ambiente, además de sostener a los organismos. Decimos que respira por los gases que desprenden los microorganismos que alberga, tiene memoria porque guarda la historia de un ecosistema, y se transforma por los efectos del clima o del manejo humano. 

El relieve accidentado influye en las condiciones climáticas y del suelo. En la imagen se observa el cerro del Acolhua, en Santa María Ixtacamaxtitlán, Puebla, México. 


En México existe una importante diversidad de tipos de suelo, además de la alta diversidad biológica.  De los 32 grupos de suelos establecidos por la Base Referencial Mundial de la FAO, el territorio mexicano tiene presencia de 26 grupos (SEMARNAT, 2018), distribuidos a lo largo de un relieve conformado por mesetas, montañas y valles.

Los suelos proporcionan servicios ecosistémicos de sostén, de regulación del clima, de provisión de alimentos o servicios culturales (Blum et al., 2006). Sin embargo, actualmente enfrentan procesos de degradación, lo que ha puesto en riesgo su capacidad para proveer estos servicios, particularmente la producción de alimentos (Poch-Claret & Martínez-Casasnovas, 2016), ya que muchos cultivos se desarrollan en pendientes empinadas o zonas de ladera de sitios montañosos.

Siembra de maíz en ladera, en la Sierra Norte de Puebla.

A pesar de lo anterior, las comunidades indígenas y campesinas que habitan esos entornos accidentados mantienen sus actividades agrícolas, aunque durante cada ciclo la producción se vuelve más incierta, debido a la irregularidad de las lluvias. Cabe agregar que cerca del 75% del territorio agrícola depende de este tipo de riego. 

Parte del éxito de estas comunidades incluye el manejo del entorno natural para el buen desarrollo de la agricultura tradicional, particularmente la conservación del suelo, también nombrado tierra.

Barreras de maguey en una ladera de Zautla, Puebla.
Barrera de maguey en una ladera de Zautla, Puebla.

En los sitios de ladera, los suelos “luchan” contra la fuerza de la gravedad de la pendiente. Los procesos de erosión adelgazan los suelos, los hacen perder nutrientes y reducen su capacidad para sostener los procesos ecológicos, lo que pone en riesgo la producción de alimentos (Ortiz García et al., 2022). Las poblaciones humanas que habitan las laderas montañosas lo han comprendido bien y han adoptado técnicas y estrategias para minimizar los efectos negativos, como la erosión (SEMARNAT, 2001). Las técnicas que se describen a continuación, y otras más, se pueden consultar en CONAFOR (2023) y SEMARNAT (2001).

Por ejemplo, en la Sierra Norte de Puebla (y en otras partes del país) se emplean teocholes o muros de piedra que reducen la erosión y retienen agua; zanjas que captan y filtran el agua de lluvia; hileras de maguey en la milpa, que retienen sedimentos y proporcionan pulque, una bebida de gran importancia cultural, económica y ecológica. También podemos observar sistemas milpa asociados con árboles frutales


Zanjas asociadas con pinos jóvenes en la parte superior de una parcela (arriba) y teochol o muro de piedra (abajo)

Existen otras técnicas diseñadas para contener sedimentos, aunque no necesariamente las ubicamos dentro de las parcelas, como ocurre con las represas. Estas se construyen para controlar la formación de cárcavas. Por otro lado, aunque no es propiamente para la conservación de suelos, una técnica que aprovecha la dureza de los suelos y la pendiente es la de los jagüeyes, que son grandes captadores de agua para riego de auxilio. 

Represa con sedimentos depositados (arriba) y jagüey con geomembrana y cercado para evitar el paso de animales (abajo).

Gracias a estas estrategias que controlan el ambiente físico, las comunidades han logrado mantener la producción agrícola mientras protegen los recursos naturales, incluso en condiciones limitantes. Como señala el antropólogo Aguirre-Beltrán, en estas regiones no solo se preservó la identidad cultural, sino también asociaciones únicas de flora y fauna, que se han perdido en zonas más favorables.

Para que dispongamos hasta nuestra mesa de aquello que produce la tierra, también es valioso conocer cómo la cuidan quienes la trabajan. Aunque parece poco beneficioso practicar la agricultura en ladera, la historia nos ayuda a comprender por qué los grupos humanos lo hacen en esos sitios. ¡Esto reafirma las relaciones intrínsecas entre el medio biofísico, los grupos originarios y la biodiversidad!

Sembrando en pendiente. ¡Debemos mantener el equilibrio!

El cuidado de la tierra o suelo es determinante para la supervivencia de la agrobiodiversidad. El ingenio de las campesinas y los campesinos ha permitido que la milpa siga produciendo, que las tradiciones se mantengan vivas y que la biodiversidad continúe floreciendo.

Referencias

Blum, W. E. H., Warkentin, B. P., & Frossard, E. (2006). Soil, human society and the environment. Geological Society, London, Special Publications, 266(1), 1-8. https://doi.org/10.1144/GSL.SP.2006.266.01.01

Ortiz García, S., Saynes Santillan, V., Bunge Vivier, V., Anglés-Hernández, M., Pérez, M. E., & Prado, B. (2022). Soil governance and sustainable agriculture in Mexico. Soil Security 7, 100059. https://doi.org/10.1016/j.soisec.2022.100059

Poch-Claret, R., & Martínez-Casasnovas, J. A. (2016). Degradation. En R. Lal (Ed.), Encyclopedia of Soil Science. CRC Press, Boca Raton, FL.

Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2001). Manual de conservación de suelos y agua. En línea.

Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2018). Informe de la Situación del Medio Ambiente en México. Compendio de Estadísticas Ambientales. Indicadores Clave, de Desempeño Ambiental y de Crecimiento Verde. En línea.
 

Para leer más en Cuexcomate y Jehuite

De Carlos Gregorio 

miércoles, 29 de abril de 2026

Donde la ciudad florece: los duraznales

El encuentro inesperado

Hay algo que siempre me ha conmovido de los árboles frutales, pero no fue hasta que estuve frente a un duraznero que entendí realmente por qué. No en un jardín cuidado ni en una foto bonita, sino en un lugar inesperado, casi escondido, donde su presencia parecía más un acto de resistencia que de decoración. 

Pueblo en Oaxaca, México

Recuerdo muy bien una práctica de campo que hice en Oaxaca. El paisaje era distinto a lo que estaba acostumbrada, con una diversidad impresionante. No había muchos duraznales, de hecho, eran pocos, dispersos, casi como si no quisieran ser encontrados. Pero cuando aparecían era imposible ignorarlos. No sé si era el contraste con el entorno o la sensación de haberlos descubierto, pero su belleza me pareció inigualable. No era solo que florecieran o que dieran fruto, era cómo lo hacían: con una delicadeza que parecía fuera de lugar, pero al mismo tiempo perfectamente integrada. Ahí entendí que la belleza no siempre está en lo abundante, sino en lo que resiste, en lo que permanece incluso cuando no es lo dominante. 
 
La belleza en las flores de durazno

Duraznos en la Ciudad

Desde entonces, cada vez que veo un durazno (Prunus persica) en la ciudad, lo percibo de manera diferente. En medio del concreto, un duraznero no es solo un árbol. Es una interrupción. Rompe con la lógica de lo urbano, donde casi todo está diseñado, controlado y previsto. Sus flores rosadas aparecen sin pedir permiso, suavizando el paisaje y obligándonos, aunque sea por un segundo, a detenernos. Y en ese detenerse empieza algo interesante: la relación. He visto cómo la gente se acerca, cómo cambia su forma de caminar al pasar junto a uno. Alguien se detiene a mirarlo, alguien más toma una foto, otra persona recuerda algo. A veces incluso se genera conversación: “¿Se pueden comer?”, “Yo tenía uno en casa de mi abuela”, “Huelen bien bonito”. Es curioso cómo algo tan simple puede abrir esos pequeños espacios de encuentro. 

Duraznal floreciendo en el Edo. de México

Belleza que conecta

Y creo que ahí está la verdadera belleza. 

Desde una mirada más sociológica, los árboles frutales transforman la manera en que habitamos la ciudad. No solo decoran, sino que conectan. Introducen la posibilidad de compartir, de recordar, de apropiarnos de un espacio que muchas veces sentimos ajeno. 

Una idea que se vuelve cotidiana 

Pienso mucho en aquellos duraznales de Oaxaca, en lo escasos que eran y en lo mucho que marcaban el paisaje. Tal vez por eso ahora me parecen tan valiosos los que aparecen en la ciudad. Porque no solo están ahí por belleza, sino porque alguien decidió plantarlos, cuidarlos, mantenerlos. Porque son memoria viva, incluso cuando no conocemos su historia. 

Hay una frase de Fiódor Dostoyevski que siempre vuelve a mi cabeza cuando pienso en esto: “La belleza salvará al mundo”. Antes me parecía una idea lejana, casi idealista. Hoy la entiendo de otra forma, más cotidiana. Tal vez la belleza no salva al mundo de manera grandiosa, pero sí lo transforma en pequeños momentos: en una pausa, en una conversación, en un recuerdo que se activa frente a un árbol en flor. Al final, creo que la belleza del duraznero no está solo en lo que vemos, sino en lo que despierta. En cómo, por un momento, nos hace sentir que la ciudad también puede ser un lugar más cercano, más compartido, más humano. 

Como si, entre tanto ruido, todavía hubiera espacio para florecer.

Flores de durazno

Y tú, ¿Qué ves cuando miras un duraznal?

La próxima vez que te encuentres con un duraznero en la ciudad, ¿Te detendrías?

¿Lo verías solo como parte del paisaje o como una oportunidad de conexión?

Tal vez la verdadera pregunta no sea si la belleza puede salvar al mundo, sino si todavía estamos dispuestos a reconocerla cuando aparece, silenciosa, entre el concreto.

Para leer más en Cuexcomate:

lunes, 20 de abril de 2026

La miel de mezquite, el oro blanco

El Mezquite

Hablar del mezquite es hablar de resistencia. Este árbol, tan común en los paisajes áridos y semiáridos de México, ha aprendido a sobrevivir donde el agua es escasa y el suelo parece poco generoso. Sin embargo, lejos de ser una especie marginal, el mezquite (antes Prosopis, ahora Neltuma) ha sido una pieza clave para quienes han habitado estas regiones. Su presencia no solo modela el paisaje, sino que también sostiene formas de vida humanas, animales y vegetales que dependen de él (Rodríguez S. et al., 2014).

Apiario rodeado de árboles de mezquite y otras especies

A lo largo del país, el mezquite ha sido aprovechado de muchas maneras. Su madera se utiliza como leña y para la construcción de cercas; sus vainas han servido como forraje e incluso como alimento humano; su resina se ha empleado en la elaboración de barnices y pegamentos, y sus flores representan una fuente fundamental de néctar para abejas y otros insectos polinizadores. Para los pueblos nómadas precolombinos, el mezquite fue una especie indispensable: alimento, combustible, medicina y refugio, todo en un solo árbol (Espinoza P. et al. 2024).

La especie de mezquite identificada en el estado de Aguascalientes corresponde a Prosopis laevigata mezquite blando, una de las especies más ampliamente distribuidas del país. Su presencia no se limita a esta región, sino que se extiende por gran parte del territorio nacional, abarcando los estados del norte, centro y sur de México, lo que refleja su notable capacidad de adaptación a distintos climas y condiciones ecológicas (Palacios R., 2006).

Hoy en día, además de su valor cultural, el mezquite es reconocido por su importancia ecológica. Forma comunidades que ofrecen refugio a la fauna silvestre, contribuyen a la retención del suelo y ayudan a frenar los procesos de desertificación. También genera espacios de recreación y paisajes característicos de las zonas áridas. A pesar de ello, en algunas regiones del norte de México, donde la ganadería intensiva domina el uso del suelo, el mezquite es considerado una maleza, una percepción que contrasta fuertemente con los múltiples beneficios que aporta.

El mezquite y las abejas: una relación dorada

Entre todos los productos derivados del mezquite, hay uno que destaca por su calidad y valor: la miel. La miel de mezquite es altamente apreciada y tiene una demanda creciente, tanto por sus características sensoriales como por su origen botánico bien definido. Su producción depende de la instalación estratégica de colmenas en zonas donde la floración del mezquite es abundante, lo que permite que las abejas aprovechen casi exclusivamente su néctar.

Bastidor con la abeja reina y obreras

Además de ser un alimento, la miel de mezquite ha ocupado un lugar importante en la medicina tradicional. En distintos registros de la medicina vernácula se mencionan usos para aliviar la laringitis, la gastritis y las afecciones oculares; también se emplea como antiséptico natural. Estos usos, transmitidos de generación en generación, refuerzan la idea de que la miel no es solo un endulzante, sino también un producto profundamente ligado al bienestar humano (García C. et al., S.f.).

Aguascalientes se ha consolidado como el principal productor de miel de mezquite en México. La miel que se obtiene en esta región suele ser de color amarillo blanquecino, rica en polen y con una cristalización fina y suave, comparable a la textura de la mantequilla. Esta miel se produce durante un periodo específico del año, que coincide con la floración del mezquite, lo que da lugar a una cosecha anual muy esperada por los apicultores.

La calidad final de la miel no depende únicamente de la planta de origen. Factores como el clima, la humedad en la colmena, las características del néctar y el manejo durante la extracción y el almacenamiento influyen directamente en su sabor, textura y estabilidad. Cada frasco de miel es, en realidad, el resultado de una compleja interacción entre planta, abeja, ambiente y apicultor.

Apiario ubicado en Aguascalientes

¿Por qué la miel de mezquite es diferente?

Una de las razones por las que la miel de mezquite es tan especial es su origen botánico. Las mieles pueden clasificarse en monofloral, multifloral o de mielada, según las plantas que aportan néctar o secreciones azucaradas. Para que una miel sea considerada monofloral, el polen característico de una sola especie vegetal debe representar al menos el 45 % del contenido total. Este porcentaje se determina mediante estudios melisopalinológicos, en los que se analiza el polen presente en la miel y se compara con el de las flores de la región.

La miel de mezquite cumple con estos criterios. Su composición es particular: contiene un alto porcentaje de fructosa (alrededor del 80 %), entre 15 y 18 % de agua, potasio en concentraciones importantes y micronutrientes como sodio, calcio y vitamina B9. Esta combinación explica su sabor extremadamente dulce, su color claro y su tendencia a cristalizar de manera rápida, homogénea y fina.

Comparación de colores entre una miel multifloral y una monofloral de mezquite

Un encuentro personal con el “oro blanco”

Mi interés por la miel de mezquite nació en 2022, durante un trabajo de campo en Aguascalientes, donde hice pruebas de comportamiento en colmenas. Los apiarios se encontraban rodeados por extensas zonas dominadas por mezquites, y el apicultor con quien trabajé trasladaba sus colmenas a sitios cercanos donde la floración de esta especie podía aprovecharse mejor.

Fue ahí donde probé por primera vez la miel de mezquite. Acostumbrada a las mieles multiflorales del Estado de México, de tonos ámbar y sabores florales, esta miel me sorprendió por completo. Era clara, casi blanquecina, con un aroma muy suave y un dulzor intenso que perduraba en el paladar.

Lo que más llamó mi atención fue su cristalización. Nunca antes había visto una miel cristalizar de esa forma tan uniforme y cremosa. Ese viaje no solo me permitió conocer un nuevo tipo de miel, sino también aprender sobre el comportamiento particularmente pasivo de Apis mellifera en la región, comportamiento asociado a las características genéticas. Era posible estar dentro de los apiarios sin el equipo de protección completo, observar el manejo de las abejas y de las reinas, y entender por qué el principal producto cosechado allí era una miel tan valorada, obtenida solo una vez al año.
 
Manejo de cámaras de cría: celdas de abejas reina

Respuestas que llegan con el tiempo

Con el paso del tiempo, las preguntas que me surgieron en ese viaje comenzaron a responderse: ¿por qué esta miel es tan cara?, ¿qué la hace distinta a otras? La respuesta está en su origen botánico bien definido, en su clasificación como miel monofloral, en sus características fisicoquímicas y en sus componentes nutracéuticos, que, en conjunto, garantizan su calidad. 

La miel de mezquite no es solo un producto apícola; es el reflejo de un ecosistema, del conocimiento tradicional y del trabajo cuidadoso entre humanos y abejas. Por todo esto, no es exagerado llamarla el “oro blanco” de las zonas áridas de México.

Ahora que sabes que existe una amplia variedad de mieles, entre ellas esta miel monofloral tan especial, ¿te animarías a probarlas y descubrir cómo el origen botánico transforma su sabor, aroma y textura? Quizás lo encuentras en algún mercado, tianguis o tienda especializada en mieles cerca de tu casa.

 

Fuentes consultadas: 

Espinosa-Plascencia, A., & Huerta-Ocampo, J. Á. (2024). Aprovechamiento agroecológico y alimentario del mezquite: una revisión. Ingeniería en Industrias Alimentarias, 1(2), 36–40. 

García Chávez, C., Ramos Arredondo, L. E., Jasso Barbosa, G. N., Hernández Medina, R. G., & Ávila Ramos, F. (s. f.). Miel de mezquite: características y su uso cicatrizante. Jóvenes en la Ciencia, 28. ISSN 2395-9797.

Palacios, R. A. (2006). Los mezquites mexicanos: biodiversidad y distribución geográfica. Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica, 41(1-2), 99-121. 

Rodríguez Sauceda, E. N., Rojo Martínez, G. E., Ramírez Valverde, B., Martínez Ruiz, R., Cong Hermida, M. C., Medina Torres, S. M., & Piña Ruiz, H. H. (2014)Análisis técnico del árbol del mezquite (Prosopis laevigata Humb. & Bonpl. ex Willd.) en México. Ra Ximhai, 10(3), 173–193.
 

Para leer más en Cuexcomate: