lunes, 4 de mayo de 2026

¡Tierra que se pierde, maíz que no florece!

¡El suelo respira, tiene memoria, se transforma, el suelo está vivo! 
 
Este bien natural cumple muchas funciones en el ambiente, además de sostener a los organismos. Decimos que respira por los gases que desprenden los microorganismos que alberga, tiene memoria porque guarda la historia de un ecosistema, y se transforma por los efectos del clima o del manejo humano. 

El relieve accidentado influye en las condiciones climáticas y del suelo. En la imagen se observa el cerro del Acolhua, en Santa María Ixtacamaxtitlán, Puebla, México. 


En México existe una importante diversidad de tipos de suelo, además de la alta diversidad biológica.  De los 32 grupos de suelos establecidos por la Base Referencial Mundial de la FAO, el territorio mexicano tiene presencia de 26 grupos (SEMARNAT, 2018), distribuidos a lo largo de un relieve conformado por mesetas, montañas y valles.

Los suelos proporcionan servicios ecosistémicos de sostén, de regulación del clima, de provisión de alimentos o servicios culturales (Blum et al., 2006). Sin embargo, actualmente enfrentan procesos de degradación, lo que ha puesto en riesgo su capacidad para proveer estos servicios, particularmente la producción de alimentos (Poch-Claret & Martínez-Casasnovas, 2016), ya que muchos cultivos se desarrollan en pendientes empinadas o zonas de ladera de sitios montañosos.

Siembra de maíz en ladera, en la Sierra Norte de Puebla.

A pesar de lo anterior, las comunidades indígenas y campesinas que habitan esos entornos accidentados mantienen sus actividades agrícolas, aunque durante cada ciclo la producción se vuelve más incierta, debido a la irregularidad de las lluvias. Cabe agregar que cerca del 75% del territorio agrícola depende de este tipo de riego. 

Parte del éxito de estas comunidades incluye el manejo del entorno natural para el buen desarrollo de la agricultura tradicional, particularmente la conservación del suelo, también nombrado tierra.

Barreras de maguey en una ladera de Zautla, Puebla.
Barrera de maguey en una ladera de Zautla, Puebla.

En los sitios de ladera, los suelos “luchan” contra la fuerza de la gravedad de la pendiente. Los procesos de erosión adelgazan los suelos, los hacen perder nutrientes y reducen su capacidad para sostener los procesos ecológicos, lo que pone en riesgo la producción de alimentos (Ortiz García et al., 2022). Las poblaciones humanas que habitan las laderas montañosas lo han comprendido bien y han adoptado técnicas y estrategias para minimizar los efectos negativos, como la erosión (SEMARNAT, 2001). Las técnicas que se describen a continuación, y otras más, se pueden consultar en CONAFOR (2023) y SEMARNAT (2001).

Por ejemplo, en la Sierra Norte de Puebla (y en otras partes del país) se emplean teocholes o muros de piedra que reducen la erosión y retienen agua; zanjas que captan y filtran el agua de lluvia; hileras de maguey en la milpa, que retienen sedimentos y proporcionan pulque, una bebida de gran importancia cultural, económica y ecológica. También podemos observar sistemas milpa asociados con árboles frutales


Zanjas asociadas con pinos jóvenes en la parte superior de una parcela (arriba) y teochol o muro de piedra (abajo)

Existen otras técnicas diseñadas para contener sedimentos, aunque no necesariamente las ubicamos dentro de las parcelas, como ocurre con las represas. Estas se construyen para controlar la formación de cárcavas. Por otro lado, aunque no es propiamente para la conservación de suelos, una técnica que aprovecha la dureza de los suelos y la pendiente es la de los jagüeyes, que son grandes captadores de agua para riego de auxilio. 

Represa con sedimentos depositados (arriba) y jagüey con geomembrana y cercado para evitar el paso de animales (abajo).

Gracias a estas estrategias que controlan el ambiente físico, las comunidades han logrado mantener la producción agrícola mientras protegen los recursos naturales, incluso en condiciones limitantes. Como señala el antropólogo Aguirre-Beltrán, en estas regiones no solo se preservó la identidad cultural, sino también asociaciones únicas de flora y fauna, que se han perdido en zonas más favorables.

Para que dispongamos hasta nuestra mesa de aquello que produce la tierra, también es valioso conocer cómo la cuidan quienes la trabajan. Aunque parece poco beneficioso practicar la agricultura en ladera, la historia nos ayuda a comprender por qué los grupos humanos lo hacen en esos sitios. ¡Esto reafirma las relaciones intrínsecas entre el medio biofísico, los grupos originarios y la biodiversidad!

Sembrando en pendiente. ¡Debemos mantener el equilibrio!

El cuidado de la tierra o suelo es determinante para la supervivencia de la agrobiodiversidad. El ingenio de las campesinas y los campesinos ha permitido que la milpa siga produciendo, que las tradiciones se mantengan vivas y que la biodiversidad continúe floreciendo.

Referencias

Blum, W. E. H., Warkentin, B. P., & Frossard, E. (2006). Soil, human society and the environment. Geological Society, London, Special Publications, 266(1), 1-8. https://doi.org/10.1144/GSL.SP.2006.266.01.01

Ortiz García, S., Saynes Santillan, V., Bunge Vivier, V., Anglés-Hernández, M., Pérez, M. E., & Prado, B. (2022). Soil governance and sustainable agriculture in Mexico. Soil Security 7, 100059. https://doi.org/10.1016/j.soisec.2022.100059

Poch-Claret, R., & Martínez-Casasnovas, J. A. (2016). Degradation. En R. Lal (Ed.), Encyclopedia of Soil Science. CRC Press, Boca Raton, FL.

Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2001). Manual de conservación de suelos y agua. En línea.

Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2018). Informe de la Situación del Medio Ambiente en México. Compendio de Estadísticas Ambientales. Indicadores Clave, de Desempeño Ambiental y de Crecimiento Verde. En línea.
 

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De Carlos Gregorio