lunes, 11 de mayo de 2026

Más que cosechas

Te has preguntado de ¿Dónde provienen las frutas y verduras de las cuales nos alimentamos? 
 
Pues todo empieza en el campo. Gracias a la agricultura, que es el motor de la producción de materias primas, alimentos y forrajes, las necesidades humanas se cubren en el día a día.

Mujer campesina con su nieto preparando el suelo (retirando piedras) para su próximo ciclo.
 
Esta producción se lleva a término por un grupo de personas, con gran trabajo, que no se reconoce como se debe: los pequeños y grandes productores agrícolas. En México, más del 50 % de las unidades de producción son de pequeños productores (con menos de cinco hectáreas, de acuerdo con el DOF, 2019); la gran mayoría (76 %) tiene tierras de temporal. Pero la denominación de pequeños productores es un poco engañosa, ya que este sector produce cerca del 40% de los alimentos del país y emplea aproximadamente el 60% de la mano de obra agrícola (INEGI, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2024).

Entonces, es importante reconocer la envergadura de los pequeños productores. 
 
En años recientes, el gobierno de México impulsó una iniciativa para transformar la producción convencional (con agroquímicos) hacia una producción sostenible, disminuyendo y, a largo plazo, eliminando el uso de agroquímicos. De esta manera se está impulsando un cambio de la agricultura convencional a la agroecológica. La asistencia técnica está dirigida especialmente a los pequeños productores con capacitaciones técnicas sobre la adopción de prácticas agroecológicas, como la producción de bioinsumos

La transición agroecológica se considera un gran reto en México, ya que implica un cambio de paradigma, modificando creencias y métodos que rigen la agricultura convencional, en la que se ve al campo como una fábrica de producción. Se pretende cambiar a percibirlo como un gran ecosistema, tal que los factores bióticos y abióticos converjan para obtener un máximo rendimiento sin afectar la salud del campo. Además, se busca transformar el sistema agroalimentario industrializado en uno más sostenible, justo y saludable. 

La agroecología permite un cambio sistémico que integra los conocimientos tradicionales indígenas con la ciencia moderna. Algunos de los elementos principales de la agroecología son:
  • Diversidad. Conservar y proteger los recursos naturales es fundamental para promover la diversificación y garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición. Sirve también para reducir las pérdidas en caso de clima adverso o de la incidencia de plagas y enfermedades: la meta es no "poner todos los huevos en una sola canasta". Entonces, se mantiene o propicia la máxima diversificación del agroecosistema.
  • Intercambio de conocimientos. El conocimiento tradicional, las prácticas empíricas de las comunidades campesinas y la identidad cultural corren el riesgo de ser olvidados si no se les brinda atención y reconocimiento. Las semillas nativas (por ejemplo, las 64 razas de maíz nativo) proporcionan la base del conocimiento tradicional y prácticas ancestrales como una forma de protección de la biodiversidad genética.
  • Reciclaje. Reciclar más implica menores costos ambientales. Mantiene un flujo de nutrientes al cerrar los ciclos del agua, de la materia orgánica y los nutrientes.
En las comunidades rurales de México se están profundizando el conocimiento y las prácticas tradicionales. Éstas se conjuntan en las escuelas de campo (ECAs), un modelo que tiene su origen en Indonesia. Fueron creadas por la FAO para mitigar la crisis arrocera e implementar el manejo integral de plagas. Ese modelo fue traído a Centroamérica y a México en el año 2000. En un principio solo se establecieron en los estados de Chiapas y Veracruz, pero luego se extendieron al resto del país. Las ECAs no son solo centros de capacitación técnica; son espacios donde el aprendizaje se da de forma horizontal: hay un intercambio de conocimientos mutuo sin jerarquías. Se conjuntan la ciencia moderna y el conocimiento empírico.

Escuela de campo "El Pinal" en Santa Isabel Tepetzala Acajete, Puebla

Escuela de campo "Nenetzintla" en Santa María Nenetzintla Acajete, Puebla.

Actualmente existen escuelas de campo dedicadas a pequeños productores, donde se brinda un espacio para el intercambio entre saberes campesinos y el conocimiento técnico sobre prácticas agroecológicas.
 
Grupo de pequeños productores 
participando en una práctica de 
bioinsumo

Los bioinsumos o prácticas que se desarrollan en las escuelas de campo son los siguientes:

1.- Agua carbonatada: se emplea en las hojas de las plantas con el objetivo de generar un pH alcalino para inhibir el crecimiento de hongos.

2.- Agua de vidrio: es una preparación de cenizas vegetales, cal hidratada y agua, con un pH alcalino elevado, que aporta protección física y química y aumenta la respuesta inmunológica de la planta ante enfermedades, plagas y estrés climático.   

3.- Supermagro: es un biofertilizante que se prepara con estiércol de vaca, melaza, leche, ceniza vegetal y agua, y puede aplicarse en cualquier etapa fenológica de la planta; aumenta el tamaño de las hojas y fortalece el desarrollo de la radícula.
 
4.- Caldo bordelés: es un fungicida y bactericida compuesto por sulfato de cobre, cal hidratada y agua. Se emplea, además de lo anterior, como control fitosanitario, cicatrizante y repelente de insectos, aunque tiene algunas desventajas, como la acumulación de cobre en el suelo. 

5.- Caldo sulfocalcico: es un bioinsumo elaborado con azufre y cal viva en agua; su principal función es combatir ácaros, hongos e insectos, así como enfermedades; igualmente, tiene algunos limitantes.

6.- Té de composta: en este caso, se obtienen microorganismos benéficos de la composta mediante aireación y fermentación, además de incrementar la microbiota del suelo, lo que ayuda a la fijación y absorción de nutrientes como el nitrógeno y fortalece la defensa inmunulógica de las plantas.
   
7.- Solución Steiner: es una mezcla que contiene nutrientes, aminoácidos y humus líquido; su función principal es nutrir a la planta o los cultivos. Promueve el crecimiento vegetativo por medio de aminoácidos y ácidos carboxílicos.     

8.- Elaboración de bocashi: es un abono sólido que se fabrica por medio de fermentación aeróbica; se usan estiércol seco, rastrojo, tierra, carbón vegetal, harina de roca, levadura y melaza. Su función principal es estimular la microbiota del suelo de cultivo; aporta nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, y ayuda a retener humedad en el suelo. 

9.- Composta: es el producto de la biodegradación de material orgánico usando microorganismos en condiciones aeróbicas (en presencia de oxígeno) hasta obtener un material seco, ya degradado. Se ocupa para mejorar la calidad nutricional de los suelos del cultivo, retener la humedad, disminuir la erosión y fortalecer el sistema inmunológico de las plantas.

10.- Extractos de plantas: como su nombre indica, se obtienen de los vegetales, se maceran y se fermentan. Se utilizan para el control fitosanitario (plagas y enfermedades); ayudan al desarrollo vegetativo (raíces, hojas, flores y frutos).

11.- Recubrimiento de semillas: cubrir las semillas con una capa cerosa que les brinda protección contra enfermedades, las fortalece y mejora su germinación. 
 
Notas de la práctica de inoculación de semilla con 
diferentes tratamientos

12.- Trampas de feromonas sexuales: se utilizan para atraer y capturar insectos y así evitar la migración y propagación intensiva de plagas en los cultivos.

13.- Microorganismos de montañas: son inóculos de lugares no intervenidos, como bosques y montañas, con alta densidad microbiana (hongos, bacterias y actinomicetos benéficos). Funcionan para mejorar el suelo con microorganismos y desplazar a los patógenos, acelerar la descomposición de la materia orgánica, facilitar la asimilación de nutrientes y controlar plagas y enfermedades en los cultivos.
Productores preparando microorganismos de montaña de la ECA
"Acajete-Tepetzala" en Acajete, Puebla
.
 

Productores participando en la práctica de
microorganismos de montaña de la ECA "Nueva vida"
 en San Agustín Tlaxco Acajete, Puebla.


14.- Humus de lombriz y 15.- Lixiviado de lombriz: se refieren a la descomposición del material orgánico mediante la digestión de lombrices (roja californiana) y microorganismos; el resultado es un biofertilizante que regenera el suelo, integrando material y microbiota benéfica, corrige las propiedades fisicoquímicas e inhibe el crecimiento patógeno de microorganismos. 

16.- Microorganismos específicos: es la reproducción de microorganismos (hongos y bacterias)  benéficos en biorreactores (sistemas controlados con oxigenación y nutrientes para el crecimiento de la población microbiana). Los objetivos del empleo de estos microorganismos son mejorar la fertilidad del suelo, resistir cambios en la temperatura, conservar la humedad del suelo y potenciar el cultivo.  

Todas estás practicas tienen como objetivos esenciales aumentar el rendimiento de los cultivos sin causar problemas de contaminación en el suelo, restauración del agroecosistema, mitigar el cambio climático, mejorar la alimentación entre otros beneficios para la sociedad.  

Para leer más
 
En cuexcomate:

Referencias
 
INEGI, Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2024). Censo agropecuario 2022. Comunicado de prensa número 397/24 2 de junio de 2024. Pp: 1-9.

Diario Oficial de la Federación. (2019). Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Lineamientos para la operación del programa Producción para el Bienestar ejercicio fiscal 2019.
 
De Claudia Barranco 

lunes, 4 de mayo de 2026

¡Tierra que se pierde, maíz que no florece!

¡El suelo respira, tiene memoria, se transforma, el suelo está vivo! 
 
Este bien natural cumple muchas funciones en el ambiente, además de sostener a los organismos. Decimos que respira por los gases que desprenden los microorganismos que alberga, tiene memoria porque guarda la historia de un ecosistema, y se transforma por los efectos del clima o del manejo humano. 

El relieve accidentado influye en las condiciones climáticas y del suelo. En la imagen se observa el cerro del Acolhua, en Santa María Ixtacamaxtitlán, Puebla, México. 


En México existe una importante diversidad de tipos de suelo, además de la alta diversidad biológica.  De los 32 grupos de suelos establecidos por la Base Referencial Mundial de la FAO, el territorio mexicano tiene presencia de 26 grupos (SEMARNAT, 2018), distribuidos a lo largo de un relieve conformado por mesetas, montañas y valles.

Los suelos proporcionan servicios ecosistémicos de sostén, de regulación del clima, de provisión de alimentos o servicios culturales (Blum et al., 2006). Sin embargo, actualmente enfrentan procesos de degradación, lo que ha puesto en riesgo su capacidad para proveer estos servicios, particularmente la producción de alimentos (Poch-Claret & Martínez-Casasnovas, 2016), ya que muchos cultivos se desarrollan en pendientes empinadas o zonas de ladera de sitios montañosos.

Siembra de maíz en ladera, en la Sierra Norte de Puebla.

A pesar de lo anterior, las comunidades indígenas y campesinas que habitan esos entornos accidentados mantienen sus actividades agrícolas, aunque durante cada ciclo la producción se vuelve más incierta, debido a la irregularidad de las lluvias. Cabe agregar que cerca del 75% del territorio agrícola depende de este tipo de riego. 

Parte del éxito de estas comunidades incluye el manejo del entorno natural para el buen desarrollo de la agricultura tradicional, particularmente la conservación del suelo, también nombrado tierra.

Barreras de maguey en una ladera de Zautla, Puebla.
Barrera de maguey en una ladera de Zautla, Puebla.

En los sitios de ladera, los suelos “luchan” contra la fuerza de la gravedad de la pendiente. Los procesos de erosión adelgazan los suelos, los hacen perder nutrientes y reducen su capacidad para sostener los procesos ecológicos, lo que pone en riesgo la producción de alimentos (Ortiz García et al., 2022). Las poblaciones humanas que habitan las laderas montañosas lo han comprendido bien y han adoptado técnicas y estrategias para minimizar los efectos negativos, como la erosión (SEMARNAT, 2001). Las técnicas que se describen a continuación, y otras más, se pueden consultar en CONAFOR (2023) y SEMARNAT (2001).

Por ejemplo, en la Sierra Norte de Puebla (y en otras partes del país) se emplean teocholes o muros de piedra que reducen la erosión y retienen agua; zanjas que captan y filtran el agua de lluvia; hileras de maguey en la milpa, que retienen sedimentos y proporcionan pulque, una bebida de gran importancia cultural, económica y ecológica. También podemos observar sistemas milpa asociados con árboles frutales


Zanjas asociadas con pinos jóvenes en la parte superior de una parcela (arriba) y teochol o muro de piedra (abajo)

Existen otras técnicas diseñadas para contener sedimentos, aunque no necesariamente las ubicamos dentro de las parcelas, como ocurre con las represas. Estas se construyen para controlar la formación de cárcavas. Por otro lado, aunque no es propiamente para la conservación de suelos, una técnica que aprovecha la dureza de los suelos y la pendiente es la de los jagüeyes, que son grandes captadores de agua para riego de auxilio. 

Represa con sedimentos depositados (arriba) y jagüey con geomembrana y cercado para evitar el paso de animales (abajo).

Gracias a estas estrategias que controlan el ambiente físico, las comunidades han logrado mantener la producción agrícola mientras protegen los recursos naturales, incluso en condiciones limitantes. Como señala el antropólogo Aguirre-Beltrán, en estas regiones no solo se preservó la identidad cultural, sino también asociaciones únicas de flora y fauna, que se han perdido en zonas más favorables.

Para que dispongamos hasta nuestra mesa de aquello que produce la tierra, también es valioso conocer cómo la cuidan quienes la trabajan. Aunque parece poco beneficioso practicar la agricultura en ladera, la historia nos ayuda a comprender por qué los grupos humanos lo hacen en esos sitios. ¡Esto reafirma las relaciones intrínsecas entre el medio biofísico, los grupos originarios y la biodiversidad!

Sembrando en pendiente. ¡Debemos mantener el equilibrio!

El cuidado de la tierra o suelo es determinante para la supervivencia de la agrobiodiversidad. El ingenio de las campesinas y los campesinos ha permitido que la milpa siga produciendo, que las tradiciones se mantengan vivas y que la biodiversidad continúe floreciendo.

Referencias

Blum, W. E. H., Warkentin, B. P., & Frossard, E. (2006). Soil, human society and the environment. Geological Society, London, Special Publications, 266(1), 1-8. https://doi.org/10.1144/GSL.SP.2006.266.01.01

Ortiz García, S., Saynes Santillan, V., Bunge Vivier, V., Anglés-Hernández, M., Pérez, M. E., & Prado, B. (2022). Soil governance and sustainable agriculture in Mexico. Soil Security 7, 100059. https://doi.org/10.1016/j.soisec.2022.100059

Poch-Claret, R., & Martínez-Casasnovas, J. A. (2016). Degradation. En R. Lal (Ed.), Encyclopedia of Soil Science. CRC Press, Boca Raton, FL.

Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2001). Manual de conservación de suelos y agua. En línea.

Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2018). Informe de la Situación del Medio Ambiente en México. Compendio de Estadísticas Ambientales. Indicadores Clave, de Desempeño Ambiental y de Crecimiento Verde. En línea.
 

Para leer más en Cuexcomate y Jehuite

De Carlos Gregorio