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lunes, 7 de septiembre de 2026

Cultivar y conservar: pequeños mamíferos en agroecosistemas del desierto mexicano

¿Te has imaginado cómo producen sus alimentos los grupos humanos que habitan los paisajes áridos de México y el impacto que generan en los ecosistemas? 

Paisaje árido del norte de México.
 

A simple vista, estos lugares parecen poco productivos por su aridez y las condiciones climáticas extremas. Sin embargo, las sociedades humanas de estos ambientes han aprendido a adaptarse para satisfacer sus necesidades de supervivencia. Los sitios donde el ser humano interviene para la producción de sus alimentos y otros productos se conocen como agroecosistemas. 

Importancia de los agroecosistemas

Los agroecosistemas tradicionales de baja intensidad o que no tienen grandes impactos en el medio, pueden albergar una gran riqueza de especies y contribuir a la conservación biológica. En paisajes fragmentados pueden funcionar como parches de conservación. Por ejemplo, los cafetales que colindan con áreas forestales pueden tener un efecto positivo sobre la diversidad de pequeños mamíferos. Por ello, y por el crecimiento de las áreas para la producción agrícola, es importante diseñar agroecosistemas para obtener alimentos y, al mismo tiempo, reducir la pérdida de biodiversidad. 

El trabajo titulado "Un agroecosistema frutal semiárido como una opción favorable para la conservación de pequeños mamíferos en un paisaje antropizado en México" (Riojas-López et al. 2018) es muy interesante porque plantea la cuestión de producir y conservar. El estudio se llevó a cabo en una región semiárida del altiplano mexicano, de nombre Llano de los Ojuelos y ubicado en el municipio de Ojuelos, Jalisco. Se enfocó en los huertos de nopal orientados a la producción de fruta, comunes en estas regiones. Estos agroecosistemas albergan especies de roedores, propias de pastizales o matorrales. 

Nopal en una milpa.

Este trabajo resulta interesante porque casi no se les toma en cuenta a los roedores, más que como plagas. Estos organismos son reconocidos como indicadores de cambios ecológicos e integridad de los ecosistemas. Por ello los autores se plantearon las siguientes preguntas: ¿Influye el hábitat adyacente en la composición y diversidad de los roedores en los huertos de nopal?  ¿Cuál es la contribución de estos huertos a la conservación de especies en comparación con otros usos de suelo?  ¿Cómo afecta la heterogeneidad del hábitat a las comunidades de roedores?

¿Cómo lo hicieron?

Las especies de nopal que conforman los huertos derivan de al menos tres linajes nativos distintos, que son Opuntia ficus-indica (L.) Mill., O. albicarpa Scheinvar y O. megacantha Salm-Dyck. La mayoría de estos huertos se gestionan muy poco, con podas ocasionales y aplicaciones de estiércol bianuales. La visita de personas se limita a la temporada de cosecha que dura entre cuatro a seis semanas. Se permite el acceso de animales domésticos (cabras, ovejas, reses) para que se alimenten de la vegetación herbácea después de la época de lluvias o de algunas pencas de nopal.

Para desarrollar la investigación se eligieron 12 sitios que conformaban más de 4 ha de superficie, donde cada uno incluyó un huerto de nopal maduro y un hábitat adyacente (matorral xerófilo, pastizal sobrepastoreado o cultivo anual). Para muestrear a los roedores, se establecieron trampas tipo Sherman en diferentes sitios y, una vez capturados, se marcaban y se liberaban de nuevo.

Sitio de estudio en Los Ojuelos, Jalisco, México.

Esto se hizo tres veces en un año, en cada estación climática (seca-cálida, lluviosa, seca-fría). Se compararon las comunidades de roedores entre los tres grupos de huertos (según el hábitat adyacente) y entre huertos en términos de abundancia, riqueza de especies y diversidad

También se midió la heterogeneidad para determinar qué tan variados eran los sitios y cómo estos afectaban a los roedores; es decir, querían saber si la diversidad de cada sitio era importante para estos organismos. Con este fin, consideraron la estructura vertical arbórea (altura de las plantas) y cobertura de la vegetación. 

¿Qué encontraron?

Los autores mencionan que para la región se podrían encontrar hasta 25 especies de roedores. En su investigación se registraron 19 especies, de las cuales 17 utilizaban los huertos de nopal, mientras que los cultivos contaron con seis especies, el pastizal con cinco especies y el matorral con 13 especies. 

La lista completa incluye el ratón de abazones crespo (Chaetodipus hispidus), el ratón de abazones de Nelson (Chaetodipus nelsoni), el ratón de abazones (Chaetodipus lineatus), la rata canguro común (Dipodomys ordii), la rata canguro de Jalisco (Dipodomuys ornatus), el ratón espinoso mexicano (Liomys irroratus), el ratón de abazones sedoso (Perognathus flavus), el ratón casero euroasiático (Mus musculus), la rata magueyera (Neotoma leucodon), el ratón chapulinero arenero (Onychomys arenicola), el ratón de las rocas (Peromyscus difficilis), el ratón tobillo blanco (Peromyscus pectoralis), el ratón piñonero (Peromyscus gratus), el ratón norteamericano (Peromyscus maniculatus), el ratón de meseta (Peromyscus melanophrys), el ratón cosechero leonado (Reithrodontomys fulvescens), el ratón cosechero común (Reithrodontomys megalotis), la rata algodonera crespa (Sigmodon hispidus) y el ratón pigmeo norteño (Baiomys taylori).

Las tres especies más abundantes, que en conjunto representan el 57% de la abundancia total de los roedores registrados, fueron el ratón espinoso mexicano, el ratón norteamericano y el ratón cosechero leonado. En cuanto a las especies endémicas registradas, fueron la rata canguro de Jalisco, el ratón de las rocas, el ratón de meseta y el ratón de abazones. También las comunidades de roedores dentro de los huertos fueron muy similares en su composición, sin importar el tipo de hábitat que los rodeaba.

En cuanto a la heterogeneidad, se encontró que los ambientes más simples fueron los pastizales y cultivos, mientras que los más complejos fueron los matorrales y huertos. También encontraron que la mayor riqueza, abundancia y diversidad de roedores se observó en niveles intermedios de heterogeneidad; es decir, estos organismos están más presentes en sitios ni tan complejos ni tan sencillos en cuanto a la vegetación y su cobertura. De igual forma, reportan que la vegetación herbácea de los huertos permite que los roedores tengan refugio y alimento que no se encuentran en pastizales sobrepastoreados.

¿Qué se discute?

Es uno de los pocos estudios que se enfocan en el estudio de roedores en agroecosistemas de tipo árido que incorporan el efecto de las áreas circundantes (también conocidas como parches, ya que son sitios que han fragmentado el paisaje).

De acuerdo con el estudio, los huertos son espacios que contribuyen a mantener la diversidad regional de roedores y albergan especies endémicas, además de favorecer la conectividad entre hábitats. Es decir, los roedores pueden habitar muy bien los huertos y los hábitats vecinos. Cabe destacar que la diversidad de roedores dependía más de la variedad interna del hábitat, producto del manejo, que del entorno externo, según los autores. Además, la forma en que se manejaban los huertos les brindaba una gran resiliencia ecológica

Un hallazgo importante reportado fue que cuando colindan con matorrales, los huertos forman una única unidad de hábitat con estos, en la que las comunidades de roedores eran mucho más similares que en los casos de huerto-pastizal, huerto-cultivo e incluso entre dos pares de huertos. Los autores señalan que los huertos de nopal pueden ser altamente productivos en diferentes niveles, ya que proveen hierbas, arbustos y semillas, frutos (tunas) y pequeños invertebrados, que son recursos para los roedores.

En cuanto a la heterogeneidad del paisaje, los autores señalan que los atributos de la comunidad de roedores en los huertos de nopal no se vieron fuertemente afectados por el tipo de hábitat vecino. Por lo tanto, la presencia de los huertos de nopal con los demás ecosistemas no pone en riesgo su presencia. Sin embargo, si se continúa fragmentando el paisaje, puede volverse riesgoso para los roedores, ya que se reduciría el tamaño de las áreas habitables que sostienen las poblaciones.

Lamentablemente, la presencia de los huertos de nopal está en riesgo porque generan bajas ganancias para los productores, pese a su valor ambiental. 

Reflexiones finales

Como se pudo constatar, los sitios de producción de nopal pueden contribuir a la conservación de los roedores, así como de muchos otros que no fueron considerados en este estudio. La relación entre cultivar y conservar no necesariamente está en conflicto, especialmente en zonas áridas, que son ecosistemas muy frágiles.

Referencias

Riojas-López, M.E., Mellink, E. and Luévano, J. (2018). A semiarid fruit agroecosystem as a conservation-friendly option for small mammals in an anthropized landscape in Mexico. Ecological Applications 28: 495-507. https://doi.org/10.1002/eap.1663

Para leer en Cuexcomate

Para saber más

Alimentación en el desierto

 

De Carlos Gregorio 

lunes, 15 de junio de 2026

El nabo en la producción apícola

Mieles vemos, procedencia no sabemos

Cuando pensamos en miel, muchas veces imaginamos un frasco de color ámbar y un sabor floral difícil de describir. Sin embargo, cada miel tiene una historia distinta que comienza mucho antes de llegar a la mesa. Esa historia inicia en las flores que visitan las abejas y en los paisajes donde se encuentran los apiarios. En regiones del altiplano mexicano, como Tlaxcala, los campos agrícolas y las plantas silvestres conforman un entorno vegetal que define el carácter de las mieles locales.

Cultivos en Tlaxcala

Entre las especies que forman parte de este paisaje se encuentra el nabo, Brassica rapa, una planta con flores amarillas que suele crecer entre cultivos y terrenos agrícolas. Aunque su origen se encuentra en el Viejo Mundo, actualmente es una especie ampliamente distribuida en México y forma parte del entorno de muchas comunidades rurales. En la agricultura campesina, esta planta no suele considerarse una maleza perjudicial; por el contrario, es apreciada por su valor alimenticio y con frecuencia incluso se fomenta su crecimiento (Perdomo Roldán y Vibrans, 2009).

Brassica rapa pertenece a la familia Brassicaceae, un grupo de plantas que incluye especies bien conocidas como las coles, los rábanos y la canola. Su cercanía evolutiva con estos cultivos explica varias de sus características botánicas y también su potencial como planta útil para la alimentación y la agricultura.

Campo invadido por "maleza"

¿Cómo reconocer a Brassica rapa?

Dentro de la familia Brassicaceae existen varias especies con flores amarillas que pueden parecer similares entre sí. No obstante, Brassica rapa presenta características morfológicas que permiten distinguirla de otras especies silvestres presentes en México.

Una de las más notables es la presencia de hojas superiores glaucas, es decir, con una tonalidad ligeramente azulosa o gris verdosa. Estas hojas son sésiles, lo que significa que carecen de pecíolo y se encuentran unidas directamente al tallo. Además, al crecer, rodean parcialmente el tallo. Las flores suelen agruparse en la punta de la inflorescencia.

Atracción de diversidad a el nabo amarillo

Otras especies relacionadas pueden compartir algunos de estos rasgos. Las coles asilvestradas, por ejemplo, también pueden presentar hojas superiores sésiles, aunque suelen ser plantas mucho más robustas que pueden superar el metro de altura. 

La canola (Brassica napus), que en ocasiones también se encuentra de forma espontánea fuera de cultivo, tiene pétalos más grandes y flores abiertas más distribuidas a lo largo del tallo. Además, el fruto de B. rapa presenta un pico más largo, lo que permite diferenciar ambas especies.

Caracteristicas morfologicas de Brassica rapa (Tenorio & Vibrans, 2000)

Hábitat y distribución en México

Esta especie se encuentra principalmente asociada a ambientes perturbados y zonas agrícolas. Es común observarla en campos de cultivo y milpas tradicionales. También puede aparecer como planta ruderal, en potreros, a lo largo de vías de ferrocarril o invadiendo terrenos agrícolas que han sido temporalmente abandonados.

En México, Brassica rapa se distribuye principalmente en regiones templadas, donde predominan ecosistemas como los bosques de pino-encino o el bosque mesófilo de montaña. Su presencia está estrechamente ligada a zonas de mayor altitud, prosperando generalmente entre los 1800 y los 3000 metros sobre el nivel del mar, lo que explica su abundancia en las regiones montañosas del altiplano central.

Distribución de Brassica rapa en America (GBIF)

Una planta importante en la alimentación tradicional

A pesar de tratarse de una especie introducida, Brassica rapa se ha integrado profundamente en la cultura alimentaria de diversas regiones del país. De acuerdo con estudios etnobotánicos, es una de las plantas de quelite más importantes recolectadas en México (Perdomo Roldán y Vibrans, 2009).

Sus hojas jóvenes, así como algunas flores, pueden consumirse crudas o cocidas con sal, formando parte de preparaciones tradicionales en distintas comunidades rurales. Los frutos, conocidos como silicuas, también se comercializan en algunos mercados bajo el nombre de “vaina” y se utilizan como alimento para aves enjauladas.

Vaina (Imagen generada por IA, 2026)

Las semillas contienen aceite que, aunque no se destina al consumo humano, puede emplearse con fines técnicos, como combustible para lámparas. En otros países, particularmente en Europa, Canadá y China, diversas variedades domesticadas de Brassica rapa se cultivan de forma intensiva con fines alimentarios y agrícolas.

Las flores que alimentan a las abejas

Más allá de su importancia alimentaria, Brassica rapa también cumple un papel relevante en los ecosistemas agrícolas al proporcionar néctar y polen a diversos insectos polinizadores. Durante su floración, sus flores amarillas atraen a numerosas especies, incluyendo a Apis mellifera, la abeja utilizada en la apicultura.

Abeja europea

La abundancia de estas flores dentro de los paisajes agrícolas puede contribuir de manera significativa al pecoreo de las abejas, es decir, al proceso mediante el cual recolectan néctar y polen para alimentar a la colonia y producir miel. De esta manera, plantas aparentemente comunes en los campos pueden influir en la composición y características de las mieles producidas en cada región.

Cultivos al rededor del apiario

Una experiencia personal en los campos de Tlaxcala

Durante una colecta botánica en campos de cultivo de Tlaxcala tuve la oportunidad de recolectar ejemplares conocidos localmente como nabo amarillo y nabo blanco. El objetivo de esta colecta era llevar a cabo estudios melisopalinológicos de la zona, para identificar el polen presente en las muestras de miel y determinar así el origen botánico de los recursos utilizados por las abejas.

Recolecta botánica en Tlaxcala

Al analizar una muestra de miel proveniente de la región, los resultados mostraron porcentajes elevados de granos de polen pertenecientes a la familia Brassicaceae. Este hallazgo permitió concluir que especies como Brassica rapa constituyen una fuente importante de alimento para Apis mellifera en estos paisajes agrícolas.

Grano de polen de Brassicaceae

Este tipo de estudios resulta fundamental para comprender mejor la relación entre la vegetación local y la producción de miel, así como para identificar cuáles son las plantas que contribuyen de manera más significativa al pecoreo de las abejas.

Las plantas detrás de cada miel

Cada miel es, en cierta forma, un reflejo del entorno donde fue producida. Las flores disponibles alrededor de las colmenas determinan su color, aroma, textura y sabor. Por ello, conocer las plantas que visitan las abejas permite comprender mejor la diversidad de mieles que existen en México.

En el caso de Tlaxcala, especies agrícolas y silvestres como Brassica rapa forman parte de ese mosaico floral que sostiene la actividad apícola. Aunque muchas veces pasan desapercibidas dentro del paisaje, su contribución al alimento de las abejas y a la producción de miel puede ser considerable.

Mieles de Tlaxcala

Reconocer el valor de estas plantas permite apreciar la compleja relación entre agricultura, biodiversidad y apicultura, así como entender que detrás de cada cucharada de miel existe una historia que comienza en el campo, entre flores y abejas.

Durante aquella colecta entendí algo que antes no había considerado con tanta claridad: muchas de las plantas que vemos todos los días en los campos agrícolas, e incluso aquellas que a veces se consideran simples arvenses, pueden ser recursos fundamentales para las abejas. En el caso de Brassica rapa, sus flores amarillas no solo forman parte de la dieta tradicional como quelite, sino también del sustento de las colonias de Apis mellifera y, en consecuencia, de la producción de miel en la región.

Diversidad de productos comestibles de la familia Brassicaceae

Comprender estas relaciones cambia la forma en que observamos el paisaje. Lo que antes parecía una planta común en medio de un cultivo puede convertirse en una pieza clave dentro de una red ecológica que conecta agricultura, biodiversidad y apicultura.

Relacion entre la agricultura, biodiversidad y apicultura (Imagen generada por IA, 2026)

Ahora que sabemos que incluso plantas aparentemente simples como el nabo silvestre pueden influir en la producción de miel, surge una nueva pregunta: 

¿Cuántas otras especies del paisaje agrícola estarán contribuyendo silenciosamente al sabor y la diversidad de las mieles mexicanas?

 

Referencias: 



 

Para leer más: 

De Gabriela Muñoz 

lunes, 20 de abril de 2026

La miel de mezquite, el oro blanco

El Mezquite

Hablar del mezquite es hablar de resistencia. Este árbol, tan común en los paisajes áridos y semiáridos de México, ha aprendido a sobrevivir donde el agua es escasa y el suelo parece poco generoso. Sin embargo, lejos de ser una especie marginal, el mezquite (antes Prosopis, ahora Neltuma) ha sido una pieza clave para quienes han habitado estas regiones. Su presencia no solo modela el paisaje, sino que también sostiene formas de vida humanas, animales y vegetales que dependen de él (Rodríguez S. et al., 2014).

Apiario rodeado de árboles de mezquite y otras especies

A lo largo del país, el mezquite ha sido aprovechado de muchas maneras. Su madera se utiliza como leña y para la construcción de cercas; sus vainas han servido como forraje e incluso como alimento humano; su resina se ha empleado en la elaboración de barnices y pegamentos, y sus flores representan una fuente fundamental de néctar para abejas y otros insectos polinizadores. Para los pueblos nómadas precolombinos, el mezquite fue una especie indispensable: alimento, combustible, medicina y refugio, todo en un solo árbol (Espinoza P. et al. 2024).

La especie de mezquite identificada en el estado de Aguascalientes corresponde a Prosopis laevigata mezquite blando, una de las especies más ampliamente distribuidas del país. Su presencia no se limita a esta región, sino que se extiende por gran parte del territorio nacional, abarcando los estados del norte, centro y sur de México, lo que refleja su notable capacidad de adaptación a distintos climas y condiciones ecológicas (Palacios R., 2006).

Hoy en día, además de su valor cultural, el mezquite es reconocido por su importancia ecológica. Forma comunidades que ofrecen refugio a la fauna silvestre, contribuyen a la retención del suelo y ayudan a frenar los procesos de desertificación. También genera espacios de recreación y paisajes característicos de las zonas áridas. A pesar de ello, en algunas regiones del norte de México, donde la ganadería intensiva domina el uso del suelo, el mezquite es considerado una maleza, una percepción que contrasta fuertemente con los múltiples beneficios que aporta.

El mezquite y las abejas: una relación dorada

Entre todos los productos derivados del mezquite, hay uno que destaca por su calidad y valor: la miel. La miel de mezquite es altamente apreciada y tiene una demanda creciente, tanto por sus características sensoriales como por su origen botánico bien definido. Su producción depende de la instalación estratégica de colmenas en zonas donde la floración del mezquite es abundante, lo que permite que las abejas aprovechen casi exclusivamente su néctar.

Bastidor con la abeja reina y obreras

Además de ser un alimento, la miel de mezquite ha ocupado un lugar importante en la medicina tradicional. En distintos registros de la medicina vernácula se mencionan usos para aliviar la laringitis, la gastritis y las afecciones oculares; también se emplea como antiséptico natural. Estos usos, transmitidos de generación en generación, refuerzan la idea de que la miel no es solo un endulzante, sino también un producto profundamente ligado al bienestar humano (García C. et al., S.f.).

Aguascalientes se ha consolidado como el principal productor de miel de mezquite en México. La miel que se obtiene en esta región suele ser de color amarillo blanquecino, rica en polen y con una cristalización fina y suave, comparable a la textura de la mantequilla. Esta miel se produce durante un periodo específico del año, que coincide con la floración del mezquite, lo que da lugar a una cosecha anual muy esperada por los apicultores.

La calidad final de la miel no depende únicamente de la planta de origen. Factores como el clima, la humedad en la colmena, las características del néctar y el manejo durante la extracción y el almacenamiento influyen directamente en su sabor, textura y estabilidad. Cada frasco de miel es, en realidad, el resultado de una compleja interacción entre planta, abeja, ambiente y apicultor.

Apiario ubicado en Aguascalientes

¿Por qué la miel de mezquite es diferente?

Una de las razones por las que la miel de mezquite es tan especial es su origen botánico. Las mieles pueden clasificarse en monofloral, multifloral o de mielada, según las plantas que aportan néctar o secreciones azucaradas. Para que una miel sea considerada monofloral, el polen característico de una sola especie vegetal debe representar al menos el 45 % del contenido total. Este porcentaje se determina mediante estudios melisopalinológicos, en los que se analiza el polen presente en la miel y se compara con el de las flores de la región.

La miel de mezquite cumple con estos criterios. Su composición es particular: contiene un alto porcentaje de fructosa (alrededor del 80 %), entre 15 y 18 % de agua, potasio en concentraciones importantes y micronutrientes como sodio, calcio y vitamina B9. Esta combinación explica su sabor extremadamente dulce, su color claro y su tendencia a cristalizar de manera rápida, homogénea y fina.

Comparación de colores entre una miel multifloral y una monofloral de mezquite

Un encuentro personal con el “oro blanco”

Mi interés por la miel de mezquite nació en 2022, durante un trabajo de campo en Aguascalientes, donde hice pruebas de comportamiento en colmenas. Los apiarios se encontraban rodeados por extensas zonas dominadas por mezquites, y el apicultor con quien trabajé trasladaba sus colmenas a sitios cercanos donde la floración de esta especie podía aprovecharse mejor.

Fue ahí donde probé por primera vez la miel de mezquite. Acostumbrada a las mieles multiflorales del Estado de México, de tonos ámbar y sabores florales, esta miel me sorprendió por completo. Era clara, casi blanquecina, con un aroma muy suave y un dulzor intenso que perduraba en el paladar.

Lo que más llamó mi atención fue su cristalización. Nunca antes había visto una miel cristalizar de esa forma tan uniforme y cremosa. Ese viaje no solo me permitió conocer un nuevo tipo de miel, sino también aprender sobre el comportamiento particularmente pasivo de Apis mellifera en la región, comportamiento asociado a las características genéticas. Era posible estar dentro de los apiarios sin el equipo de protección completo, observar el manejo de las abejas y de las reinas, y entender por qué el principal producto cosechado allí era una miel tan valorada, obtenida solo una vez al año.
 
Manejo de cámaras de cría: celdas de abejas reina

Respuestas que llegan con el tiempo

Con el paso del tiempo, las preguntas que me surgieron en ese viaje comenzaron a responderse: ¿por qué esta miel es tan cara?, ¿qué la hace distinta a otras? La respuesta está en su origen botánico bien definido, en su clasificación como miel monofloral, en sus características fisicoquímicas y en sus componentes nutracéuticos, que, en conjunto, garantizan su calidad. 

La miel de mezquite no es solo un producto apícola; es el reflejo de un ecosistema, del conocimiento tradicional y del trabajo cuidadoso entre humanos y abejas. Por todo esto, no es exagerado llamarla el “oro blanco” de las zonas áridas de México.

Ahora que sabes que existe una amplia variedad de mieles, entre ellas esta miel monofloral tan especial, ¿te animarías a probarlas y descubrir cómo el origen botánico transforma su sabor, aroma y textura? Quizás lo encuentras en algún mercado, tianguis o tienda especializada en mieles cerca de tu casa.

 

Fuentes consultadas: 

Espinosa-Plascencia, A., & Huerta-Ocampo, J. Á. (2024). Aprovechamiento agroecológico y alimentario del mezquite: una revisión. Ingeniería en Industrias Alimentarias, 1(2), 36–40. 

García Chávez, C., Ramos Arredondo, L. E., Jasso Barbosa, G. N., Hernández Medina, R. G., & Ávila Ramos, F. (s. f.). Miel de mezquite: características y su uso cicatrizante. Jóvenes en la Ciencia, 28. ISSN 2395-9797.

Palacios, R. A. (2006). Los mezquites mexicanos: biodiversidad y distribución geográfica. Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica, 41(1-2), 99-121. 

Rodríguez Sauceda, E. N., Rojo Martínez, G. E., Ramírez Valverde, B., Martínez Ruiz, R., Cong Hermida, M. C., Medina Torres, S. M., & Piña Ruiz, H. H. (2014)Análisis técnico del árbol del mezquite (Prosopis laevigata Humb. & Bonpl. ex Willd.) en México. Ra Ximhai, 10(3), 173–193.
 

Para leer más en Cuexcomate:

miércoles, 6 de agosto de 2025

Panales de abejas como elemento ornamental

¿Te imaginas tener un panal con abejas para decorar tu casa? Se escucha como una idea algo peligrosa, ya que estas nos pueden picar y causar una lesión con dolor e hinchazón (en lo casos mas leves). Déjame contarte que esto es posible y que en algunas casa de la región mazateca del estado de Oaxaca, lo hacen.

Panal de abejas sin aguijón como elemento ornamental (fotografía cortesía del Prof. Froylan Ríos).

Cuando hablamos de abejas lo primero que nos imaginamos son estos insectos pequeños de color amarillo con franjas negras que podemos ver en las flores (abeja europea). Estas son las mas conocidas (Apis mellifera), aunque existen muchísimas especies de abejas. 


Abeja europea, Apis mellifera (fuente: pxhere)

Se estima que en el mundo existen alrededor de 20 mil especies de abejas y en México se calculan unas dos mil especies. No todas las abejas viven en panales y colmenas. De hecho algunas viven solas, en huecos en el suelo o troncos, en pequeñas colmenas de lodo. No todas producen miel y algunas son muy coloridas (SEMARNAT, 2024). 

Los panales son estructuras formadas por celdillas de cera que sirven para criar larvas, además de acopiar miel como alimento. Los apicultores ocupan estas características para la extracción de miel, colocando colmenas dentro de cajas con estructuras especiales. Sin embargo, poner una de estas colmenas en el jardín es un tanto peligroso.

Manejo de abejas en apiario donde las abejas son colocadas en cajas especiales.

Una forma de atraer abejas a nuestro hogar es mediante los jardines para polinizadores. En éstas se incluyen diferentes plantas con flores que pueden atraer a mariposas, abejorros, insectos,  aves entre otros. Crean un ambiente agradable, aunque los visitantes solo estarán por un breve momento. 

Jardín con diferentes plantas con flores para atraer a insectos polinizadores. 

Los panales de los que hablamos son los elaborados por las abejas sin aguijón que pertenecen a la tribu Meliponini. Aunque estas abejas no pican, tienen otras estrategias defensivas como enredarse en el pelo o morder, aferrándose fuertemente al invasor (Arnold et al., 2018). 

Estas abejas también son manejadas para la producción de miel y en un pequeño espacio pueden tener una gran cantidad de colmenas, principalmente en pequeños jarrones de barro.

En algunos pueblos de la región mazateca del estado de Oaxaca, los panales de estas abejas son utilizados para la decoración de casas o jardines con todo y abejas. Se pueden encontrar colgando en algún lugar de la casa o panales. Las abejas los hacen de barro, pegados a las paredes de las casas. Cabe destacar que estos panales no son utilizados para extraer miel y se consideran elementos decorativos. 

Piquera de panal de abejas sin aguijón (fotografía cortesía del Prof. Froylan Ríos). 

Ahora ¿Cómo puedo tener mi propio panal con abejas para decorar mi casa? Existen dos formas, la primera es cuestión de mucha suerte y que estas abejas escojan alguna de tus paredes para hacer su panal. Algo que puede ayudar es tener paredes de adobe. 

Fachada de casa con panales de abeja 

La segunda forma es si al caminar por el campo, te encuentres un panal de estos. Tendrías que esperar hasta la tarde para que esté reunida la mayoría de las abejas dentro del panal. Tapas la piquera y con mucho cuidado cortas las ramas que sujetan el panal para transportarlo a tu domicilio.

Panal de abeja hecho con lodo

Fachada de una casa con varios panales de abejas sin aguijón 

Ahora que sabes cómo puedes tener un panal de abejas ¿Te animarías a decorar tu casa o jardín con uno de estos?  Otra opción también son los panales de las avispas y lo agradable es ver como estos van creciendo con el paso del tiempo.

Para saber más..

Otras pueblos de Oaxaca también incluyen a los panales de las abejas sin aguijón como elementos ornamentales en sus casas. Esta información la puedes encontrar en el libro: Las abejas sin aguijón y su cultivo en Oaxaca, México.  

Fuentes consultadas: 

Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) (2025). Por las abejas guía didáctica para atender la problemática de la muerte masiva de abejas. Para docentes y defensoras(es) en territorio. Ciudad de México. México.

Arnold, N., Zepeda, R., Vásquez Dávila, M. y Aldasoro Maya, E. M. (2019). Las abejas sin aguijón y su cultivo en Oaxaca, México. ECOSUR, El Colegio de la Frontera Sur.  

Para leer más en Cuexcomate:

miércoles, 10 de enero de 2024

"Polochocos", ¿el segundo fruto del guaje?

Sin importar si conocemos mucho o poco de botánica, la naturaleza siempre encontrará un modo de sorprendernos con sus formas caprichosas, y la verdad esta es una de las razones por las que me gustan tanto las plantas. 

En esta ocasión, les platico de cuando me encontré con un árbol con dos tipos de frutos diferentes, o al menos, eso fue lo primero que pensé al observar aquella ramita. 

Árbol de guaje, a la izquierda se observa le fruto en forma de vaina y a la derecha el "polochoco"

El árbol del cual les hablo es un guaje, Leucaena sp. Es una leguminosa de porte arbóreo, común en región Tehuacán-Cuicatlán. Sus frutos son vainas, parecidas a un ejote de frijol aplanado, rojas y largas, que son consumidas en muchas partes cuando están tiernas o maduras. Se emplean en distintos platillos, como salsas, guisos, o simplemente como un buen bocado energético cuando se anda en campo. 

Árbol de guaje en Acatepec, Puebla

Esta planta fue observada en un sistema agroforestal del pueblo de Acatepec, en Puebla, durante un recorrido guiado por la señora Elfega, una mujer orgullosa de sus muchos saberes sobre las plantas de la región y con una disposición extraordinaria a guiar a quienes no somos tan versados.

Mientras todos en el recorrido observamos el hermoso paisaje terraceado, la señora Elfega me pidió acompañarla a ver los “polochocos” o las “manzanitas de guaje”. Sobre una terraza cercana se encontraba un árbol de guaje con una bolitas rojas en vez de vainas que ella bajó con sus manos. 


Polochocos y botón floral

Tomó una y me ofreció otra mientras le daba la primera mordida a esa pequeña manzanita y yo simplemente no podía entender cómo es que ese guaje también daba manzanitas. Al parecer ahí en Acatepec todo el mundo conoce los “polochocos”, los consume, y les parece normal observar un árbol con dos tipos de fruto, pero ese no era mi caso.

Sin entender muy bien qué eran los polochocos, me lo comí también. Diría saben cómo un guaje tierno, pero un poco jugoso y un poco dulce, lo cual les sonará raro a quienes hayan comido un guaje antes, pues las vainas tienen un sabor fuerte, más bien parecido al ajo, y son secas y astringentes. 

Después de investigar un poco al respecto, les puedo decir que los polochocos no son otro tipo de fruto del guaje como yo pensé de primera impresión, sino que son agallas.

Rama con guaje tierno y polochoco

Las agallas son el resultado de una de estas formas caprichosas de las plantas de relacionarse con otros organismos. A menudo reaccionan a la presencia de algún organismo con anomalías en el crecimiento de los órganos o partes de las plantas. 
 
La cecidología estudia a las agallas de las plantas, y éstas pueden ser provocadas por virus, bacterias, hongos, rotíferos, nematodos o artrópodos, entre ellos, ácaros e insectos (Nieves-Aldrey, 1998). En el caso del guaje, se ha estudiado la fauna relacionada con la formación de agallas en el fruto, que evitan la formación de la vaina. 
 
Un estudio interesante en el año 2013 de la Sierra Norte de Puebla encontró a un insecto agallador del guaje, un díptero de la familia Cecidomyiidae (Gabriela Pérez-García et al., 2012). Este insecto pone sus huevos dentro del botón floral, causando que alrededor del huevo y posteriormente de la larva, crezca el tejido que forma al “polochoco”. En siguiente imagen, tomado de este trabajo, se puede observar un corte del polochoco, con la larva en el centro.
 

Relaciones simbióticas dentro de la agalla asociada al fruto del guaje (Leucaena spp.), (a) Torymidae parasitando a Cecidomyiidae, (b) Eulophidae como fitófago, (c) Ichneumonidae parasitando a Tortricidae, (d) Tortricidae en la capa cortical mientras que dentro de la cámara larval Torymidae parasitando a Cecidomyiidae, (e) Tortricidae como oportunista.
Imagen tomada de Gabriela Pérez-García et al., 2012 (CC BY-NC-SA 4.0).

También se documentó que este insecto a veces no termina su ciclo de vida porque es parasitado por otros insectos, como dos especies de Eulophidae que se adueñan de la agalla y matan a la primera larva. Además se encontraron otros insectos asociados a diferentes niveles en este complejo entramado de relaciones biológicas, entre ellos tres especies de Eurytomidae , una de Torymidae, y una de de Ichneumonidae (Gabriela Pérez-García et al., 2012).

Usualmente las agallas son un refugio y una fuente de nutrición para el organismo que las provoca, pero las personas también les hemos encontrado gran utilidad. Algunas se usan con fines medicinales, otras para curtir pieles, tatuajes de algunas tribus, ornamentos corporales, aunque pocas se han registrado como comestibles. La especies mencionadas aquí, muy probablemente no son las únicas especies involucradas en la formación de agallas en el fruto del guaje, pues se conoce una gran cantidad  (al menos 13 mil) especies de insectos que provocan agallas en plantas (Nieves-Aldrey, 1998).

Una vez resuelto el misterio del árbol con dos frutos diferentes, me gustaría preguntar a quien esté leyendo este texto, ¿Conoces algún otro ejemplo de agallas comestibles?

Más información
Fuentes consultadas

Nieves-Aldrey, J. L. 1998. Insectos que inducen la formación de agallas en las plantas: una fascinante interacción ecológica y evolutiva. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonense 23: 3–12.

Pérez-García, A., Barrios, B., Equihua-Martínez, A., Vázquez-Huerta, G., Luna-Díaz, A., & Chaires-Grijalva, M. P. 2013. Determinación preliminar de la biología y hábitos de la entomofauna asociada a las agallas del fruto del guaje (Leucaena spp.) en la Sierra Norte de Puebla, Mexico. Entomología Mexicana 12(2): 1258-1263.

domingo, 30 de abril de 2023

Cielo verde. Azoteas y jardines de polinizadores

¡Uf que calor! son los primeros días de marzo de 2023 y me encuentro en la ciudad de México. Desde hace algunos años he tenido la sensación de que cada vez el calor se siente más seco e intenso en esta parte del país. Podría pensar que es mi imaginación, sin embargo, los datos históricos señalan una tendencia al alza con respecto a la temperatura en las ciudades a nivel mundial ocasionada por el calentamiento global antrópico (Espadas-Manrique et al. 2021). Cuando pienso en las causas del calor excesivo que siento, miro a mi alrededor e identifico el color gris por todos lados, en las superficies pavimentadas, en las construcciones que reflejan los rayos solares y en la contaminación del aire. Esto me incomoda y me genera cansancio mental (Figura 1).

Figura 1. Imagen de la alcaldía Iztapalapa (Tomada de Google Earth).

Ahora bien, puedo sentirme agotada, tomar un abanico, encender un ventilador y consumir una bebida fría con la intención de sentir confort. O puedo tomar acciones más contundentes que me permitan contribuir a mitigar los efectos de las modificaciones al paisaje en el que todos estamos involucrados. En esta contribución quiero compartir con ustedes un proyecto que he venido trabajando desde hace más de un año, lo he denominado "Cielo verde. Azoteas y jardines de polinizadores" (Figura 2).

Figura 2. Azotea verde (Tomado de Fundación UNAM).

Mi casa se ubica en la alcaldía de Iztapalapa, una de las zonas más densamente pobladas de la ciudad. Formalmente no tengo un espacio mayor a dos metros cuadrados como jardín, así es que decidí intervenir en la situación y comencé a investigar un poco más sobre cómo incrementar esta área. La única opción que encontré y que me agradó fue diseñar y construir un jardín de polinizadores en mi azotea (Video1).

Video 1. Jardines para polinizadores.

Primero, investigue cuáles plantas podría utilizar, considerando que mi intención era ver mariposas y otros insectos, además de aves pequeñas como los colibríes alimentándose del néctar de las flores. Elegí plantas que pudieran ser hospederas o nutricias de estos seres vivos (Figura 3). Las especies que llamaron mi atención y que más he utilizado pertenecen a tres géneros: Passiflora, Lantana Tropaeolum.

Figura 3. Larvas de la mariposa Dione moneta en una Passiflora (Foto de Martha Albarrán).

Passiflora. Las plantas de este género son por lo general enredaderas. La especie que usé proviene de Brasil geográficamente, sin embargo, ahora se distribuye en varias regiones del trópico. Las flores son muy vistosas y aromáticas, son circulares y algunas de sus estructuras son moradas. Su época de floración es de agosto a diciembre. Sus frutos son bayas indehiscentes, con un color del amarillo al naranja, y comestibles con un sabor ácido y alto contenido de vitaminas. Las semillas poseen aceites que se utilizan en la industria de los cosméticos. El nombre común es maracuyá (Passiflora edulis). Con ellas elaboré un muro verde al colocar un tejido de acero inoxidable para que con sus zarcillos fueran sosteniéndose de esta estructura (Figura 4).

Figura 4. Flores de Passiflora (Foto de Martha Albarrán).

Lantana. En este género hay arbustos que pueden tener alturas de hasta tres metros, sus inflorescencias son corimbos en los que las flores parecen un racimo. Las hay de diversos colores, lilas, blancas, amarillas, rojas y anaranjadas (Figura 5); tienen relevancia ornamental y apícola. La planta es útil porque florece todo el año, resiste muy bien la sequía, la exposición directa al sol y es nutricia. A lo largo del día es posible apreciar mariposas, abejas y otros insectos rondando sus flores.

Figura 5. Inflorescencia de Lantana camara (Foto de Martha Albarrán).

Tropaeolum. Este género originario de Sudamérica consiste de hierbas trepadoras perennes. Tienen tallos muy ramificados, sus flores son vistosas de color anaranjado, rojo o amarillo, sus semillas se encuentran en un fruto carnoso que se separa cuando madura. Las hojas son hospederas de una especie de mariposas llamada Leptophobia aripaes conocida como mariposa blanca o mariposa de la col. El nombre común de la especie que sembré en mi jardín es mastuerzo o capuchina. Es ornamental pero también tienen uso medicinal y es comestible (Figura 6).

Figura 6. Mastuerzo (Foto de Martha Albarrán).

La experiencia de haber iniciado con este proyecto ha sido muy enriquecedora, constantemente estoy integrando otras especies vegetales y observando la interacción con los polinizadores. Hasta ahora me falta mejorar el riego, pero eso estará incluido en la segunda fase de esta experiencia. Estoy convencida que los jardines de polinizadores representan una opción para mejorar el hábitat urbano; entre edificios, redes de transporte, centros comerciales, escuelas, mercados, iglesias, hospitales y toda la infraestructura que utilizamos en los espacios en los que desarrollamos nuestra vida podemos cambiar el paisaje con azoteas verdes que brinden beneficios ambientales al funcionar como un ecosistema (Zuria y Castellanos 2008). Además, desde el punto de vista de la salud, nos permiten obtener confort psicológico al apreciar visualmente espacios más armónicos, llenos de color y de formas de vida diversas.

Si están interesados en el tema, les sugiero visitar las siguientes páginas: 

Figura 7. Tomado de Biodiversidad Mexicana

Incluso los invito a que se inscriban a Poliniza: Red de jardines para polinizadores (Figura 7).
 
Referencias.

Espadas-Manrique C., Reyes-García C. y Carrillo-Niquete G. 2021. La expansión urbana de Mérida, la de Yucatán, México y su contribución al cambio climático. Desde el Herbario CICY 13: 232-238.

Zuria  I. y Castellanos S.I. 2008. Ecología urbana y ciudades verdes. Herreriana 4: 5-7.